La Antorcha Olímpica, portadora del fuego olímpico que evoca la leyenda de Prometeo, quien habría robado el fuego a Zeus para entregarlo a los mortales, es uno de los elementos centrales de los juegos olímpicos, y se encarga de trasladar y hacer que este fuego sea testigo de las diferentes competiciones que componen las olimpiadas.
En esta oportunidad, la portadora del fuego de Beijing posee inequívocos rasgos chinos, y refleja los principios de “olimpiada ecológica, olimpiada de alta tecnología y olimpiada del pueblo”. La antorcha tiene 72 centímetros de altura, 985 gramos de peso y está fabricada en aluminio. Tiene forma curva y puede permanecer encendida aproximadamente 15 minutos. Ha sido fabricada para resistir vientos de 65 kilómetros por hora y seguir ardiendo bajo lluvia de 50 mm por hora. La llama puede ser identificada y fotografiada bajo el sol y la luz extremadamente brillante. Utiliza como combustible propano, lo que satisface las exigencias medioambientales, además de estar fabricada con materiales totalmente reciclables.
Su forma de rollo de papel y las nubes intentan evocar el ideal de armonía. La técnica de combustión estable y de adaptación al medio ambiente ha alcanzado un alto nivel técnico. El combustible de la antorcha es propano, que constituye una energía común y de bajo precio, compuesto por carbón e hidrógeno. Después de la combustión no queda ningún material, excepto el dióxido de carbono y agua, eliminando todo riesgo de contaminación. Todo esto incorporado dentro del concepto de “olimpiada verde”.
Felicitaciones al comité olímpico por estos elementos que se convierten en símbolos dignos de imitar y que difunden un excelente mensaje para la humanidad.
Miguel Salizar